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La Medida del Tiempo

“I Left My Wallet in El Segundo” Photography: luisjimenezridruejo.com

“I Left My Wallet in El Segundo” Photography: luisjimenezridruejo.com

Reloj, o no reloj?  Esa sería la cuestión. Hace quince años—mes arriba, mes abajo—dejé de fumar; el mismo día que me quité de la muñeca mi último reloj de pulsera. Corría el 2006. Que tiene que ver una cosa con la otra? Nada. Pura casualidad. Así se escribe la historia, o algunas historias…  

No sé dónde leí que el segundo es la unidad internacional de tiempo. Últimamente, leo las cosas más horrísonas en los sitios más impensables del mundo, cortesía del excesivo trato con Internet y sus turiferarios. Así será…si ‘ellos’ lo dicen. Parece que un día tiene, más o menos, unos 86000 segundos, qué barbaridad!  A mí, eso me lo tienen que jurar y …aun con todo. Yo me quedé en que cada minuto fueran unos muy aceptables ‘sesenta segundos’, todos iguales. Lo del día fraccionado es cosa de los clásicos egipcios—24 horas: 12 de luz y 12 de noche, o de obscuridad—, basándose en “mediciones” (observaciones) astronómicas. Un día es el tiempo que tarda la tierra en girar sobre sí misma y recuerdo, perfectamente, aquel día en el que me instilaron la idea; era la clase de geografía en los “barracones” de S. Bernardo, en aquel colegio salmantino, desde el cual se veía el Campo de Futbol: “El Calvario”, con su tribuna de madera! Muy inglés y pintado de color gris azulado, como los aviones militares—al final de todo aquello, un paseo arbolado terminaba… en el cementerio—. Hace casi 70 años, unos 2197 millones de segundos! Toda una vida, más o menos. Ay! Señor…! Y ahora me dice S. que del segundo habría mucho que hablar: que no es lo mismo un segundo “solar”, que uno “atómico”, u otro “sidéreo” (estelar) y que unos son más cortos que los otros y yo que sé cuántas precisiones más, al respecto.

“The Tribe Called Quest” Photography: luisjimenezridruejo.com

“The Tribe Called Quest” Photography: luisjimenezridruejo.com

Según va saliendo por la puerta a la pradera, S. (léase: Ese Punto) me deja una nota tendida en una imaginaria cuerda de secar y orear ropa—ella es muy novelera—que, en América, aparte pesas y otras regulaciones, rebrotes del imperio británico, lo de la medida del tiempo tiene más enjundia de lo que aparenta y que le viene a la memoria un pueblo no lejos (¡?) de Palo Alto, (6 horas de autopista en California, otra medida de espacio/tiempo), donde ella vivió sus años juveniles. El pueblo en cuestión tiene por nombre: El Segundo (tal cual, con el articulo y en castellano) y ahora que lo piensa, no tiene claro en que ‘segundo’ se inspiraron sus colonizadores: el de tiempo o el de orden. La aparición del nombre del pueblo en nuestra memoria común es por haber transitado la Avenida de la Relatividad, de la mano de Albert Einstein, hace unos días, recordando una de las primeras películas de los hermanos Cohen: “The Ladykillers”. Don Alberto y Los Cohen nos hacían comprender la diferencia de duración entre una hora (3600 segundos, según pareceres) paseando por el campo y otra hora relativa, en el ”cine”, confinados en casa por la pandemia.

“My-milly-billy-billy-bum...” Photography: luisjimenezridruejo.com

“My-milly-billy-billy-bum…” Photography: luisjimenezridruejo.com

El tema musical de la película era una canción, cuyo título nos llamó la atención: “I left my wallet in El Segundo” (“Dejé mi cartera en El Segundo”), una canción larga, ‘como un día sin pan’ que se diría antaño, o como un viaje de “costa a costa”, de ‘hip hop’ neoyorkino a ‘hip hop’ angelino. Para muestra vale un botón…El estribillo repetido hasta la saciedad…

My-milly-billy-billy-bum…

My-milly-billy-billy-bum…

Left my wallet in El Segundo
I gotta get it, I got-got ta get it…

Left my wallet in El Segundo
I gotta get it, I got-got ta get it…

…   …   …

La canción, de un grupo llamado: “The Tribe Called Quest”, trata de un viaje ‘filtro USA’ de Queens (NY) a El Segundo (CA), un suburbio de Los Angeles. Una canción ‘black hip hop’ que los Cohen enchufaron en su película y que describía, mejor o peor, la vida de una banda de hip hop, viajando en la arquetípica furgoneta Volkswagen, con un prolijo mundo interior rodeando una batería y unos colchones hinchables. Tres días de conducir “sin parar”—solo gasolineras y “estirar las piernas”—antes de cambiar el conductor. Desde NYC a California, a todo lo largo del país y al fondo de todo: LA… Reseda, el barrio del Karate Kid… Redondo Beach…Tarzana, pueblos del tipo de El Segundo y otros del cinturón ‘blanco’ Sundown. Donde los negros no quieren ir por las noches…Ni siquiera para recuperar una cartera y un carnet de identidad. Centésimas de segundo, con la vida colgando al final de la trayectoria de una bala.

“Dejé mi cartera en El Segundo” Photography: luisjimenezridruejo.com

“Dejé mi cartera en El Segundo” Photography: luisjimenezridruejo.com

Diferencia con la de los segundos en el estudio pintando, donde las largas horas “se me hacen huéspedes”, que diría el ínclito Don Miguel de Cervantes. Se trata de decisiones que se toman en segundos ‘rápidos’, decisiones pictóricas que no son el llegar a algún sitio— salvarse de nada, esquivar ningún peligro—sino el pensamiento, el movimiento y el tiempo para tratar de hacer o componer una imagen.  Brochazos o pinceladas, una sucesión de segundos: la medida del tiempo, del hecho pictórico, que nos lleva hacia adelante. El plural del asiento contable, que raramente interesa a los otros. En la soledad del estudio, muchas horas frente a los cuadros, muchos miles de segundos acompasados y sonoros, salpicando desde un viejo reloj de pesas de la Selva Negra.  Sin embargo, en fotografía, ese sonido o sus inaudibles fracciones, es el tiempo que tardas en reconocer como es y cómo quieres que sea la imagen, antes de disparar. Relatividad…Medida del tiempo…

Luisma, Maypearl TX                  1 de Noviembre del 2021

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