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Los Primeros Ochenta

Estoy celebrando los fastos de mi nacimiento que cada año se hacen más necesarios a mi vida, ahora que me acerco a la centena. “No me caería esa breva” filmaría y firmaría con gusto una película de notas y reflexiones. Durante este año, y más si puedo, publicaré varios posts en esta misma dirección, sobre estos “primeros ochenta.” Y lo que se tercie después, si dan….

 

Luisma con la pelota al lado del mueble-bar chino verde, circa 1955. Salamanca, España.

Luisma con la pelota al lado del mueble-bar chino, lacado en verde y forrado interior de espejo. El fotógrafo sería, posiblemente : G. Gombau, circa 1955. Salamanca, España.

Notas sobre mis notas (de “Escritos Sin Gafas”): Reflexiones de como mis notas acabaron siendo un “post” y quedaron conservadas como carne de Internet. Así se escribe la historia. Una vez más.

 

Luisma. 1968. Salamanca. Después de Paris, la Mili y con toda la vida civil por delante. Mi retrato favorito, hecho por mi maestro. Photography: Jose Nuñez Larraz. (Nikkormat FT Tele 200).

Luisma. 1968. Salamanca. Después de Paris, la Mili y con toda la vida civil por delante. Mi retrato favorito, hecho por mi maestro. Photography: José Nuñez Larraz. (Nikkormat FT Tele 200). 

 

Yo empecé escribiendo cartas. Al parecer, según me dicen, escribía “muy buenas cartas.” (entrecomillado mío). Interesantes y divertidas. De amor o de lo que sea, las cartas son siempre de negocios; y la gente me pedía más y más. Supongo que yo estaba hecho — escritura mediante — para la historia del email, aunque escribir, escribí desde siempre. De 750 a 2100 palabras, usualmente. Articulista, Ensayista, algunas veces conferenciante; siempre profesor sin sillón, ni tajo siquiera, simplemente un asiento en la nube del Internet y en cuanto a novelar, varios intentos sin llegar a “coguelmo.” Ahhh…un ‘palabro,’ mi afición favorita y ríete del Real Madrid. Máximo y eterno, de novela! Y en América, “Semper Fidelis.”

 

Luisma en el campo de béisbol. Casa de la colina, Pittsburgh, PA. Photography by S. con Olympus 500 35mm film, todavía.

Luisma en el campo de béisbol. Casa de la colina, Pittsburgh, PA. Photography by S. con Olympus 500 35mm film, todavía.

 

De vuelta en España con millas y millas de praderas americanas en mi volante y ¡Cáspita! A mí lado la presencia inconmensurable de S., “partner in crime,” pisando juntos el camino hacía mis Ochentas, y ya sus Cincuentas…. Me gustan los “palabros,” esas palabras que la mayoría de la gente no sabe lo que quieren decir. Yo sí, y a saber por qué? Porque entre otras cosas, son inventadas por mí, o encontradas a lo largo del camino. Serán las muchas lecturas? La verdad es que leo mucho, no tanto como S. pero “so-so.” Los bolsillos llenos de Updikes y Steinbecks. Mi compañera es un monstruo de muchas cosas — empieza a ser una verdadera quimera — pero sobre todo de la lectura.

Luisma con Z. J.-R. y “Nacho” en Trigueros, Valladolid circa. 2013. Photography by S. con Samsung Galaxy para luisjimenezridruejo.com.

Luisma con Z. J.-R. y “Nacho” en Trigueros, Valladolid circa. 2013. Photography by S. con Samsung Galaxy para luisjimenezridruejo.com.

Ya estoy escribiendo como si fuese una carta, supongo que no tengo remedio. Y encima, ahora…ni para eso tengo tiempo. Increíblemente, la gente sigue pidiéndome que junte letras. Y en eso estoy, aquí en el ‘Monasterio de Nuestra Señora de Maypearl’ — así le llamo al rancho, más monje que soldado; dibujando, pintando, y sobre todo haciendo mejor fotografía que nunca. Troncos de árboles que ya empiezan a tener mi edad y que lidian con los espíritus de mi lar, dando una fotografía muy ‘resultona.’

Realmente no sé a quién esto va dirigido. Si es que va dirigido a alguien. A lo mejor es simple evacuación de cosas que sobrenadan momentáneamente en mi imaginación. Prolija, prolífera, prolífica, todos los pros y espero que pocas contras. Quién sabe?

“Toda una vida te estaría queriendo…” (Acorde con la canción de mitad del siglo XX)

“Dicen que la distancia es el olvido, pero yo no concibo esa razón [sic]”

Me acuerdo de ti. No creas que no me acuerdo. Si, de tí que: a saber dónde estarás leyendo esto y que: al punto te ha dado por pensar en mí, allí en Texas, al borde de una laguna…y es su cumpleaños — sus Ochenta — al menos piensas, él ha llegado hasta el borde de esa laguna Estigia de la que me hablabas hace poco, mientras recordábamos aquella canción “Dicen que la distancia es el olvido…,” pero que ninguno de los dos concebimos esa razón…

“Pareja sospechosa a caballo, ella con velo.” 2023. Photography: luisjimenezridruejo.com

“Pareja sospechosa a caballo, ella con velo.” 2023. Photography: luisjimenezridruejo.com

“Hoy, mi [piscina] se viste de amargura…” Hay que ver qué cosas se le ocurrían a Roberto Cantoral…. “Cuando la luz del sol se esté apagando…” Aquí sentado en el borde de la puñetera piscina, mirando a la maraña como si fuera una vieja televisión. Viendo en directo, en el rincón izquierdo una luz anuncia que es — Live — un episodio de Naturaleza, y creo que nunca me había parado a contemplar y registrar esas miradas que casi siempre son de puro relajo y uno de mis favoritos sedantes. El halcón anhelante que aparca durante sus cazas, en el árbol del ahorcado, en mi propia piscina. Un aparcamiento que me recuerda la escena de un equilibrista de circo balanceándose despacio — en cualquier rama delgada, o flexible — crispado en una atención que no se refleja en el exterior, supongo que oculta en el plumaje.

“Esa mirada dorada del peligro.” 2021. Photography: luisjimenezridruejo.com

“Esa mirada dorada del peligro.” 2021. Photography: luisjimenezridruejo.com

Esa mirada dorada del peligro. Todos los animales y animalejos más pequeños que él o ella — no distingo en muchos metros a la redonda — hace rato que se han marchado al otro lado de la maraña, mi maraña. Buscando reflejo o distancia; lo que busco yo en los ochenta primeros y los que puedan venir aun y siempre, agua clara en el pozo de la cámara.

Aforístico. Palabra que no es otro de mis inventos (!?) para reflejar el nuevo rumbo y por tanto ritmo de mi cerebro en las actuales nuevas circunstancias, las nuevas entendederas. No hay nada más galáctico que lo primero de todo. Algunos le dicen: Los primeros Ochenta…pero, quíta! Quién dijo aquello de…

 “La primera versión de algo siempre es una mierda” — Sí, fue Don Ernesto Hemingway, claro…

Luisma masticando la pluma. Photography by S. for luisjimenezridruejo.com

Luisma masticando la pluma. Photography by S. for luisjimenezridruejo.com

“Cuando el otoño esté más loco que una cabra … Yo, que soy cinturón negro en pesimismo… que prefiero ser Don Nadie a ser Don Juan….Cuando ciertas mañanitas no me pueda ni vestir… No olvides guardar un último ‘suspiro’ para mí.” — Según Joaquín Sabina.

Echo Alpha Charlie… ni Echo, ni Griego, ni Charlie Sheen…pido recado de escribir, por favor! Llamando, llamando a Don Ernesto “…un momento que la están peinando.” En eso estaba yo… de pronto un día te llevas una sorpresa soberbia al advertir que sabes algo: Los libros te ayudan a desconocerte mejor. “Libros Peligrosos”—Juan Tallón, o cualquier otro que lo merezca. “Hoy debe ser muy duro ser un Rolling Stone,” de hecho los pocos que quedan como Mick Jagger, todos tenemos la misma edad—Los Ochenta, un día más. “La historia juega siempre a favor de los Beatles.” Creo que todo esto lo dijo Alberto Prieto. Y el nudo se produce al decirlo en nuestras gargantas, en todas.

(continuará)

Nota del autor: Las ochenta campanadas. Tradición personal de alguien que comparte año de nacimiento y año de horror con la bella ciudad Japonesa. Hiroshima 1945

 

Bilbao Guggenheim (1 & 2)

Ya van siendo casi dos décadas de Blog, sin fallar, al menos un “post” cada mes. Para celebrar mi 18.º “blogiversary”, como lo llaman, publicaré trabajos selectos, editados de mi primer blog: Dust, Sweat, and Iron. como he venido haciendo en otros momentos señalados. No solo serán sobre Arte, Pintura, Fotografía, etc… sino sobre otros temas de mi interés y así servirán para recordar y llamar la atención del “personal” al respecto.

“…Bilbao es ya el Guggenheim…” (Foto: Luis Jiménez-Ridruejo)

“…Bilbao es ya el Guggenheim…” (Photography: luisjimenezridruejo.com)

[En este ‘post’ he reunido, aumentado y editado, los dos post que dediqué, hace ya nueve años, tras mi primera visita, al Bilbao Guggenheim de Frank Gehry, usando viejas notas. Por culpa de la maldita pandemia y sus variantes, estoy ‘acogido a sagrado’ que no es otra cosa que encerrado en el rancho, no dejando que nadie entre en las casas, ni reuniones , ni proximidades. Como Dios manda, o en las interpretaciones de sus Biblias, hay cientos en este país, de los que se creen en posesión de la verdad absoluta. Pintura y fotografía, pero no nuevos viajes.]

Es como una fijación, siempre acabo haciendo lo mismo, con el intervalo de unos cuantos años, me gusta ir de viaje al norte de España. Y una vez en el norte, viajarlo en coche, de cabo a rabo, desde Galicia al País Vasco. Para quedarme unos días de quieto, en el medio está el gusto: Santander o Asturias y de ellas el pueblo pequeño, a ser posible con playa que pasear, aunque lo de menos sea el baño, y me da igual verano que invierno. Conducir y caminar la ‘cornisa cantábrica’ es de lo que se trata. Esta definición de la zona que agradezco a los locutores de radio y televisión, al dichoso ‘hombre del tiempo’, que lo repiten todos ellos históricamente, hasta la saciedad, y con familiaridad absoluta como si la cornisa se tratase de la escayola del salón de su casa. Si tuviera que escoger uno de estos lugares, sería en la provincia de Santander que, como rezaban las geografías de mi niñez, es la salida natural de Castilla al mar y quizás por ello también al mundo, en los tiempos en los que al mundo se iba por mar.

“…en lontananza, al término de la calle…” (Foto: Luis Jiménez-Ridruejo)

“…en lontananza, al término de la calle…” (Photography: luisjimenezridruejo.com)

Rodar por la cornisa inevitablemente te lleva a Bilbao. Y así ha sido mi costumbre, aunque por alguna razón era contínuamente sitio de paso. Ahora ya no es tal, ni lo fue hace cuatro años, es otra meta y otra fijación. Bilbao es ya el Guggenheim (y por supuesto: San Mamés, que es el nombre del Estadio de Futbol-Soccer del Athletic de Bilbao, y aunque sean amores distintos, aquí debe figurar). Esta jornada, S. (‘Ese Punto’) está conmigo con lo que el placer es doble, como mínimo. Ella viene al museo por primera vez y la dejo que lo descubra en lontananza, al término de la calle repleta de coches, una vista final que se acerca despacio y se adueña de la impresión y la emoción. Una explosión de brillos, apoteosis centelleante del metal al tornasol y que ofrece su esplendor al desembocar la calle al rio Nervión que oficia de foso protector detrás, donde parece un gran navío anclado en puerto. Son los alzados del teatro de la arquitectura actual en un contorno clásico, un contraste arquitectónico que se amplia y se explica cuando llegas a la visión total del edificio. Después de un momento de contener el pálpito, un largo y profundo respiro te permite, por fin, hacerlo libremente y volver al uso de la palabra.

“—francamente a veces se me olvida que es un museo—“ (Foto: Luis Jiménez-Ridruejo)

“…francamente, a veces se me olvida que es un museo…” (Photography: luisjimenezridruejo.com)

El Bilbao Guggenheim es impresionante. Mal que le pese a quien quiera. Nunca entenderé que una obra semejante pueda tener tantos críticos, tantos detractores con tantas motivaciones espurias. Mi visión ha sido crítica pero solo en elementos y detalles que no empañan, en lo absoluto, la grandeza y la brillantez de esta maravilla arquitectónica. Para mí, uno de los hitos del milenio, quizás el más atractivo de todos ellos. Me puedo pasar horas, y lo he hecho, dando vueltas al exterior del museo, levitando, y caer en la cuenta de que cada vuelta, cada retorno a un detalle, a un rincón o una fachada ya vista, es una invitación persistente a disparar la cámara, a generar una nueva mirada, una nueva visión y una serie de emociones encadenadas. Un ‘txirimiri’ de luces y reflejos que llenan los ojos de recuerdos. Andar cerca y hasta tocar, acariciar, los revestimientos de las fachadas del Guggenheim: vidrio, titanio y piedra con ecos de esqueletos de animales marinos, quien sabe de que proveniencia. Y la ensoñación de las mil flores estalladas del ‘guardián’, el ‘Puppy’ de Jeff Koons, acero inoxidable y flores, ejemplo de valentía artística.

“…definirlo con una sola palabra, esta sería: euforia…” (Foto: Luis Jiménez-Ridruejo)

“…definirlo con una sola palabra, esta sería: euforia…” (Foto: luisjimenezridruejo.com)

El Guggenheim es un placer por el que vale la pena, una y otra vez, el viaje a Bilbao. Además, las dos veces que lo he visitado, siempre me ha producido como una especie de reacción sorprendente; conforme pasa el tiempo estando cerca del lugar, empiezo a sentir una sensación de alacridad, alegría, entusiasmo y presteza de ánimo. Si tuviera que definirlo con una sola palabra, esta sería: euforia. Es la misma sensación que me produce estar frente a algunas de mis pinturas favoritas, las que están en la cúpula de mi particular historia del arte, del Parnaso de mi gusto personal. Algo que me obliga a encender mi ánimo y acometer con fuerza renovada lo que en ese momento esté haciendo en pintura y fotografía. Diferente a lo de escribir, en esto el paso del tiempo y el recuerdo sedimentado del sitio me es más objeto de inspiración. Para escribir me ayuda más el recuerdo que la presencia y la visión. Puedo soñar, dormido, con arquitecturas, espacios, texturas de fachadas, brillos y colores propios o reflejados; sensaciones físicas de andar, ver y tocar. Sin embargo, ahora caigo en la cuenta, no recuerdo haber soñado de tal manera nunca con pinturas o fotografías, solo con sus referencias.

Frank Gehry “…vidrio, titanio y piedra…” (Foto: Luis Jiménez-Ridruejo)

Frank Gehry, arquitecto.  “…vidrio, titanio y piedra…” (Foto: luisjimenezridruejo.com)

Este post—este escrito—no trata de ser algo académico, algo original, ni siquiera rimbombante o artístico. Lo único que trato de hacer aquí es, una vez más, reflejar mi gusto y admiración por una arquitectura que me llena. Es una manera de aplaudir a un Frank Gehry, “que se lo ha hecho de fantasía” en cada uno de los edificios que le conozco, y aun me falta París; el recién acabado: Fundación Louis Vuitton, del cual solamente he podido admirar lo que muestra su ‘website’. Cada nueva obra que le visito es un tremendo desafío fotográfico para mí. Y para ir a París, solo necesito una mínima excusa: respirar allí, por ejemplo. Frank Gehry y París es más que una mera excusa. Es una atracción magnética tremebunda, como en su día lo fue y lo es: Bilbao.

“…el edificio convertido en barco transatlántico se haya deslizado aguas abajo…” (Foto: Luis Jiménez-Ridruejo)

“…el edificio convertido en barco transatlántico se haya deslizado aguas abajo…” (Foto: luisjimenezridruejo.com)

Ir de vez en cuando al Nervión y disfrutar el Guggenheim, no sea que llegue una vez y el edificio convertido en barco transatlántico se haya deslizado aguas abajo, cornisa cantábrica, salida al mar y al mundo… De esta obra—francamente a veces se me olvida que es un museo—, quedan las fotos del exterior que en parte ilustran este post. De su interior ‘hablaré’ otro día, en otro post, con otra excusa y con otras gráficas. Un inverosímil Richard Serra ya ‘me pide’ cuartelillo y un prodigio de arquitectura interior me ofrece sus luces y sus espacios sorprendentes. Además de aprovechar las posibilidades de mi propia lectura estética, mi fotografía siempre ha intentado ser un homenaje cuando se trata de arquitectura señalada, la de los grandes, la que a mí me hubiera gustado hacer y nunca tuve la valentía de intentar.    

Guggenheim Bilbao. (Photography: luisjimenezridruejo.com)

Luisma, Maypearl (TX)   14 de Marzo del 2015   (Revisado: 1 de Enero del 2022)   

 

Interior—Día—Bilbao Guggenheim  ( II )

“…la calidad de luz excita la imaginación del fotógrafo…” (Photography: luisjimenezridruejo.com)

“…la calidad de luz excita la imaginación del fotógrafo…” (Photography: luisjimenezridruejo.com)

Entrar en el museo es como entrar en el set de una película en rodaje, un festejo visual de muchísimos grados y ángulos—tantos como rincones tienen sus espacios—e incontables planos más. La luz que penetra desde fuera, avanza lenta y parece tan atónita como mis propios ojos. Me quedo parado mirando un rebote de luz y ella, la luz, se detiene sorprendida también. Que bien quedarían “Las Meninas” colgadas en este espacio monumental…Cierro los ojos y pienso en este atrio como en el estudio de Velazquez en el cuadro. Será la calidad de la luz, la que excita la imaginación del fotógrafo? Esa luz por la izquierda, la escalera de salida al fondo, donde solo falta el primo del pintor. Velazquez, escondido detrás del mostrador de información, observando la ‘geografía’ del lugar…No hay “Meninas”, ni perro, ni enanos, están todos en la playa. Pero volverían y se asentarían aquí, sin problemas. Los reyes seguirían en el espejo, en Madrid, y el Guggenheim sería el palacio de verano. Que cosas…

“The Matter of Time” Richard Serra. Bilbao Guggenheim. (Foto: Luis Jimenez-Ridruejo)

“Richard Serra, “The Matter of Time.” Bilbao Guggenheim. (Photography: luisjimenezridruejo.com)

Hace solo un momento, afuera del Bilbao Guggenheim el celaje era gris y ominoso, nada más ingresar por las puertas, un sol triunfal se ha sumado a la visita. En mi cabeza resuena un órgano barroco, catedralicio, cada nota es un cuchillo de luz, cada rayo solar multiplica su reverberación en la más simple y desnuda pared y las luces cenitales borbotean, al tropezar desde las pocas nubes a los inmensos suelos sin pulir, dando brillo y una magnífica sensación de movimiento a cada objeto, a cada línea, a cada color…Eso si, hay grises, un festival de grises…Grises lunares, grises industriales, de plata de ley, capaces de levitar sobre las aguas. Se supone pues que los artistas en exhibición suministran el resto de los colores. A su aire. Alguno, como Serra, se lo toman muy en serio y a lo grande, como en su: “The Matter of Time” en color marrón/sepia/tierras quemadas…Apabullante.

“…Frank Ghery dijo que el edificio estaba diseñado para atrapar luz…” (Foto: Luis Jimenez-Ridruejo)

“…Frank Gehry dijo que el edificio estaba diseñado para atrapar luz…” (Foto: luisjimenezridruejo.com)

Me doy cuenta de que he olvidado, o mejor dicho, no tengo presente todo lo que había leído sobre este sitio. Solo me atrevo a dejar que me entre por los ojos, los mantengo abiertos con fuerza, casi sin permitirme el parpadeo. En apenas dos minutos, ahora, ya sé que el lugar se me va a quedar dentro para siempre. Parezco una aguja de marear en un mar de tormenta, miro a cada punto cardinal, sin saber hacia donde avanzar, por donde navegar este museo. Me acerco a mirar algo y después vuelvo al punto donde empecé, como si tuviera miedo de perderlo. Una ‘foto’, cien, mentalmente doy las gracias a no sé quien por haber inventado la fotografía digital. En unos pocos minutos he ‘gastado’ ya lo que hubieran sido tres carretes de celuloide. Bendito siglo! Y benditas tarjetitas en las que caben tantos miles de fotos. Ya no duele ‘tirarlas’ pero me contengo, he sido ‘entrenado’ a solventar mis problemas con pocas ‘poses’. La fotografía ya no es lo cara que llegó a ser, y también es muy agradecida con quien dispara mucho. Intentar hacer arte fotográfico ya es otra cuestión.

“…dejar que me entre por los ojos…” (Foto: Luis Jimenez-Ridruejo)

“…dejar que me entre por los ojos…” (Foto: luisjimenezridruejo.com)

Si Frank Gehry dijo que el edificio estaba diseñado para atrapar luz, el fotógrafo tiene que servirse de ello para ‘eternizar’ esos momentos que se producen contínuamente en su interior. El campo de juego es magnífico y las apuestas inconmensurables. El énfasis de la colección del museo es en la gran escultura, y es claro, quizás por ello las mayores críticas han sido a los grandes espacios interiores. Algunas pinturas de formatos no tan grandes parecen ‘perderse’ en vanos formidables, descomunales. Para mí, todo es cuestión de quien sea el pintor y cual sea la obra que centre nuestra atención. Un Picasso nunca puede perderse en una pared, por desmedida que parezca, y propongo una prueba de fuego, a ver que ocurre: colgar la “Gioconda” en cualquier parte de una de estas paredes, altas como naves góticas, en el grandilocuente atrio de este Guggenheim. Estoy seguro que seguirá calentándome el corazón como si estuviese en el salón de mi casa. Donde por cierto está—en reproducción, claro—solo un poco mayor que el original, para cumplir las normas del Louvre.

“…de ser ‘desaparcado’ en Manhattan a ser ‘entronizado’ en Bilbao…” (Foto: Luis Jimenez-Ridruejo)

“…de ser ‘desaparcado’ en Manhattan a ser ‘entronizado’ en Bilbao…” (Foto: luisjimenezridruejo.com)

En la colección encontramos a los ‘sospechosos habituales’, americanos y europeos, y otros no tan habituales, cuyos nombres ‘cantan’ a artistas vascos. Además de otros españoles variados: ‘el mallorquín’, dos o tres de los madrileños, el de Huesca (por goleada), el valenciano neoyorkino ‘crónico’, el otro de Santander, neoyorkino también y el mitad monje y mitad soldado de la fotografía; de este (Ballester) siempre me ha encantado su “palacio real” que es unas meninas sin meninas y sin nadie. Un cuadro fantástico, retrato del aire, el mejor homenaje a Velázquez. Lo dicho, de los sospechosos habituales, a toque de corneta de la central Guggenheim, me voy a quedar con un Richard Serra que acertó al ‘subirse al Museoa’, un buen salto de ser ‘desaparcado’ en Manhattan a ser ‘entronizado’ en Bilbao. Se merece el espacio que le han dado. “The Matter of Time”, lo ví primero a vista de pájaro, una buena manera, lo entendí al pronto y además me trajo el recuerdo infantil del laberinto de las bolitas de acero. No me quedó más que ‘bajar’ a sus espacios interiores. Entre aquellas ‘paredes’ de acero-cortén, tremendamente fotogénicas, dejé colgada parte de mi imaginación, y adquirí, a cambio, ese color ‘marrón-Serra’ que tanto he usado después.

Jenny Holzer, Installation for Bilbao. (Foto: Luis Jimenez-Ridruejo)

Jenny Holzer, “Installation for Bilbao.” (Foto: luisjimenezridruejo.com)

Y también me quedaré con Jenny Holzer, ‘amiga personal’ e ‘instaladora’ favorita, acerba feminista, áspera pero agradable—que remedio—la ‘reina’ de las luces LED, cuya obra se me aparece en sueños frecuentemente. Por algo será. Nunca olvido su razón para no pintar abstracción: “quería ser una pintora abstracta, pero era un desastre”. ‘Verticales azul’, gracias a ella soy ‘capaz’ de usar ese color azul y así llamo a sus fantásticas luces que parecen instaladas en las fronteras de la abstracción y que a mí me delimitan el paso de la vigilia al sueño, entrando donde adquieren más sentido, en mis sueños.

“…el museo no sale de mi. Se viene conmigo…” (Foto: Luis Jimenez-Ridruejo)

“…el museo no sale de mi. Se viene conmigo…” (Foto: luisjimenezridruejo.com)

Con pena y resistiéndome salgo del museo, solo me consuela—pasaría mucho más tiempo en él—que el museo no sale de mí. Se viene conmigo, me he llenado los bolsillos y la cámara de unas imágenes y un recuerdo que lo harán imposible de olvidar. Y espero que siga, hasta mi vuelta, en su emplazamiento, sin moverse y ni siquiera balancearse, creyéndose un navío listo para salir a las aguas de la cornisa cantábrica e irse a recorrer esos mundos que seguro lo adoptarían. A quien le amarga un dulce, aunque sea un museo? Estoy seguro de que a cualquier país le gustaría tenerlo.

Luisma, Maypearl (TX)   30 de Marzo del 2015     (Revisado: 28 de Febrero del 2025)

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La Casa de la Cascada (Fallingwater)

Ya van siendo casi dos décadas de Blog, sin fallar, al menos un “post” cada mes. Para celebrar mi 18.º “blogiversary”, como lo llaman, publicaré trabajos selectos, editados de mi primer blog: Dust, Sweat, and Iron. como he venido haciendo en otros momentos señalados. No solo serán sobre Arte, Pintura, Fotografía, etc… sino sobre otros temas de mi interés y así servirán para recordar y llamar la atención del “personal” al respecto. Este “throwback post” trata sobre uno de mis lugares favoritos de los Estados Unidos: La Casa de la Cascada, del gran arquitecto americano: Frank Lloyd Wright. Construida entre 1934 y 1937 como casa de vacaciones para el propietario de los grandes almacenes de Pittsburgh, Edgar J. Kaufmann, la casa es ahora un museo y patrimonio mundial de la UNESCO.

Fallingwater at Bear Run, PA: una de las pocas maravillas que no decepcionan. (Foto: Wikimedia Commons).

Fallingwater en Bear Run, PA: una de las pocas maravillas que no decepcionan.  (Foto: Wikimedia Commons).

Parece mentira, mientras en España estábamos pegándonos tiros unos a otros en una desgraciada guerra civil, 1936, entre la destrucción y la miseria propia de los tiempos, época de postguerra de la cual todavía me acuerdo muy bien, con vívidas y gráficas imágenes de pobreza, picaresca, suciedad, malos olores, fealdad en tantas cosas y contrastes de gran lujo en las casas de las gentes de poder y de dinero.

Parece mentira, digo, que por entonces en estos Estados Unidos, un hombre como Kauffman, dueño de un gran almacén, pero al fin y al cabo provinciano, tuviera el arranque, y el dinero, de encargar a un arquitecto singular (aunque su hijo fuera quien le “malmetiera” con dicho arquitecto) una casa de campo en el corazón de un bosque y en medio de la nada. Le diera carta blanca para crear uno de los hitos de la arquitectura moderna.

Y así fue.

Aun hoy, cuando la ves, parece una casa recién construida o como mucho de veinte años atrás y no de hace noventa años como en realidad es. Este arquitecto con tal visión de anticipación y tal capacidad de revolución estética era nada menos que Frank Lloyd Wright, cuyas ideas y aportaciones al diseño de la moderna habitabilidad fueron, y aún perduran, lo mejor del siglo XX, o de lo mejor.

Retrato de Frank Lloyd Wright, John Donat, 1956. Image: RIBA Collections.

Retrato de Frank Lloyd Wright, John Donat, 1956. Image: RIBA Collections.

Uno no tiene más que darse una vuelta por Pozuelo, Majadahonda, y otros alrededores de Madrid para darse cuenta de la enorme influencia de Lloyd Wright en la arquitectura mundial. Después de constatar esto, nos viene a la mente: Cuarenta mil de esas casas podían haber salido de los dibujos de su estudio y desde luego una grandísima cantidad de arquitectos de la segunda mitad del siglo anterior han bebido las aguas de esta cascada, a tan solo una hora de Pittsburgh y en el medio de un bosque maravilloso, hoy día parque natural de conservación y protección estatal.

Se dice que una de las pocas maravillas que no decepcionan, cuando se ven en realidad, es el Gran Cañón del Colorado. Es cierto. Pero yo añadiría por mi cuenta (y riesgo) la Casa de la Cascada a esta corta relación de monumentos de la humanidad.

Pittsburgh, PA, Octubre del 2007. Re-edicion: luisjimenezridruejo.com, 31 de Enero del 2025.

 

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